¿Por qué este blog?

Lo cierto es que las razones son varias; por un lado, desde hace algún tiempo una “voz” interior, a la que tantas veces hago poco caso, me va diciendo que me lance; creo que cuando te embarcas en algún proyecto, ya sea de manera obligada o voluntaria, si este te gusta, te atrae, tienes mucho ganado, pues como mínimo pondrás el corazón, que ya es mucho; las capacidades ya son otro cantar. De las mías tengo serias dudas, francamente, pero como nadie me paga por hacerlo, tampoco me preocupa demasiado.

Profesionalmente me muevo en el mundo de los Recursos Humanos, que me atraen más por humanos que por recursos. Me interesan las personas, con sus grandezas y sus limitaciones; en el mundo empresarial no es que no me interesen las cuentas de explotación, al contrario, pienso que es imprescindible que la política de RR.HH. esté estratégicamente alineada a la consecución de los objetivos de la compañía. Pero creo que las personas son las que realmente marcan las diferencias, y por tanto de ellas dependen los resultados de las empresas. Es verdad que estos también dependen de las empresas de la competencia, de los proveedores, los legisladores o los mercados: todos ellos, al fin, constituidos por personas. Y también de las tecnologías, ideadas, desarrolladas y manejadas por personas.

Con este blog sólo pretendo hacer reflexiones “en voz alta” y compartirlas con aquel que tenga a bien leerlas, sin más. Pretendo hablar de RR.HH., quizás de otros aspectos de empresa y seguramente de otros temas de actualidad, pero siempre intentando que sea desde la perspectiva de los valores y principios que considero fundamentales. Y estos no son otros que los que han formado nuestra sociedad y cultura en los últimos 2.500 años: los que vienen de la filosofía griega, el derecho romano y fundamentalmente del cristianismo. Dar la espalda a esto, como está ocurriendo en Europa desde hace algunas décadas, es cerrar los ojos a la realidad histórica. Es pretender ser una cosa diferente a lo que en nuestras esencias se ha ido conformando.

El montaje con el cuadro de la cabecera del blog pretende ser una declaración de intenciones; se trata de un detalle de un impresionante cuadro de Rembrandt, “el regreso del hijo pródigo”, figura evangélica con la que tan identificado me siento. Mi experiencia personal me ha mostrado cómo el perdón y la misericordia cambia la vida de las personas. Creo poco en intentar “arreglar” el mundo, las estructuras, los sistemas: no hay otra posibilidad de transformación que no pase por regenerar el corazón del ser humano, de cada ser humano.

Pero este no quiere ser un blog para personas con unas creencias o una fe concreta, sino para todo aquel que lo quiera leer, esté de acuerdo o no. Sí estoy convencido, sin embargo, que los valores del cristianismo pueden ayudar en la vida de cualquier persona, física o jurídica; no tanto como leyes que hay que cumplir (no serviría para nada), sino como una orientación, un faro que alumbra el camino, tantas veces tortuoso. Para mi, seguir ese camino de la vida solo es posible con  fe, pero no es mi intención convencer a nadie de ello con este blog.

Sólo pretendo hablar de cuestiones de empresa, particularmente de RR.HH., con mi idea de fondo de que los resultados de la empresa dependerán al final siempre de las personas que la componen: que una sonrisa e incluso una carcajada logran mucho más que una vejación; que la confianza termina siendo mucho más rentable que el miedo; que el respeto se gana practicándolo, tratando al conserje del mismo modo que al CEO; que la influencia basada en la credibilidad es mucho más beneficiosa que el poder basado en la tiranía.

A corto plazo puede parecer que no es así, o no siempre; pero tengo la convicción (que a no pocos les parecerá ingenua) de que a medio y, desde luego, a largo plazo los resultados terminan poniéndose del lado de estos principios; podemos decir que el valor se pone del lado de los valores. Porque, en algún momento, es posible que otro te haya quitado el primer puesto con otros “métodos”, o haya obtenido mejores resultados, pero… ¿sabrá para qué? y ¿será más feliz?.

En una ocasión me decían que para convencer de esto a directivos de empresa, hay que demostrárselo con números, que es su lenguaje. Pero claro, eso ocurre porque ya parten de una premisa contraria a lo que sostengo: “el valor fundamental es el resultado económico, así que escucharé todo aquello que lo pueda potenciar”. O sea que, en lugar de poner los principios como base, como cimiento, los usamos como mera herramienta. Lo que nos lleva a la tan célebre y realista declaración de Groucho Marx: “estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”.

Para terminar, quiero dejar bien claro que este blog, como es obvio, es única y exclusivamente personal; las opiniones o ideas que yo exprese son únicamente mías, y no pueden involucrar a ninguna otra persona, organización o empresa.

En el primer post explico un poco más el contenido que pretende tener este blog, a qué me refiero con valor y/o valores.

2 thoughts on “¿Por qué este blog?

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