CONSTRUIMOS CATEDRALES

El pasado miércoles 25 de febrero, el profesor José Antonio Marina abría el acto de presentación de Human Age Institute en Zaragoza con una anécdota, que él situaba en su Toledo natal, en la época medieval. Un paseante, de esos que practica uno de nuestros deportes favoritos (observar cómo otras personas trabajan), se acercó a varios de los picapedreros que tallaban bloques de piedra en una gran obra, situada en el centro de la población. Fue preguntando a varios de ellos acerca de lo que estaban haciendo.

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El primero, pasándose la sucia manga de la camisa por la frente, le contestó que estaba picando piedra como un condenado, en ese día tan terrible de calor, lleno de polvo por todas partes, con el agua del botijo ya caliente, y con el único deseo de que llegase cuanto antes el fin de la jornada.

El segundo comentó que él estaba haciendo lo que el capataz le había ordenado, que a él le parecía que no tocaba eso, pero que para pensar ya están otros, y el a darle a la maza y al escoplo, que es lo suyo.

Cuando preguntó a un tercer operario qué es lo que estaba haciendo, este alzó la cabeza, sonriente, y le contestó: ¡estoy construyendo una catedral!.

El profesor Marina reforzaba con esta narración la idea que nos quería transmitir: por muy pequeñas que sean las cosas que estamos realizando en nuestro trabajo (y en la vida en general) nunca debemos perder el horizonte de lo grande e importante que es el objetivo, el sentido de por qué y para qué las hacemos. Perder la referencia del propósito nos puede llevar a una rutina que, además de monótona y aburrida, redundará en una más que deficiente consecución de resultados. El “why” antes que el “what”.

Hace ya algún tiempo yo utilizaba esta anécdota de los picapedreros “catedralicios” en el segundo post sobre empresa cuántica y empresa cómica, con relación a las empresas (cuánticas) que, centradas exclusivamente en lo cuantificable, el “cuánto”, se olvidan de por qué y para qué hacen lo que hacen, convirtiéndose casi siempre en grupos (que no equipos) de sudorosos, fatigados y aburridos albañiles.

Las organizaciones cómicas (a las que sí les interesa “cómo” se consiguen los resultados) parten de tener claro el propósito de sus objetivos, de su acción.

En este post, y precisamente a raíz del evento de la semana pasada en Zaragoza, quería compartir mi visión (personal y, por tanto, no representativa) sobre lo que estamos haciendo, y por qué, en Human Age Institute. Aquellos que trabajamos y/o nos interesa el mundo del trabajo, las personas y el talento, solemos hablar del ciclo del talento para referirnos a todo el proceso y evolución que puede experimentar una persona a lo largo de su vida laboral-profesional. Desde los primeros empleos, tantas veces temporales y poco pagados, hasta la salida final hacia la jubilación, con todos los posibles avatares intermedios: cambios de empresa, despidos, ascensos, formación, desempleo, etc., etc.

Yo veo el ciclo del talento como un gran edificio, en el que generalmente se accede, cuando uno es joven, por las puertas inferiores, quizás la de servicio o por el garaje. Durante todos los años que nos encontramos dentro, la mayor parte de nuestra vida, podemos recorrer diferentes estancias (cambios de empresa), subir a diferentes plantas (a medida que ascendemos en la carrera profesional), intercalándolo también con períodos en que quizás podamos pasar una temporada a la intemperie (en el balcón del desempleo) o en las aulas formativas y de desarrollo. Para finalmente, si todo ha ido moderadamente bien, poder terminar saliendo por la puerta principal, hacia el descanso de la jubilación, puede que tras tener éxito profesional, o no, pero seguro que con un cálido abrazo de tus compañeros.

Así veo yo ese edificio que conforma el ciclo del talento, y en el cual todo lo que estudia, debate, analiza y comparte Human Age Institute constituye sus cimientos; quizá no todas las empresas buscan unos cimientos de ese tipo, pero desde luego es la base sobre la que tienen que descansar las empresas que les importa tanto cómo se logran los resultados como la cuantía de los mismos. Paradójicamente, los cálculos estructurales para lograr la solidez de la construcción establecen que lo importante no es el propio edificio, sino cada una de las personas que transita por él.

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Por esa razón, y retomando la historia del profesor Marina, la sensación que tengo al poder colaborar en Human Age Institute es que estamos ayudando, entre todos los que se quieren adherir, a levantar un edificio para albergar el mundo del talento humano. Desde la humildad del aprendiz de albañil, me gusta pensar que construimos catedrales; los cimientos de la catedral del talento.

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2 thoughts on “CONSTRUIMOS CATEDRALES

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