CREATIVIDAD Y BIENESTAR: EL VALOR DE LA MÚSICA

Una de las cosas que más me gustan en esta vida es la música. De muy diferentes estilos, siempre que sea buena; claro, que entiendo que el concepto “buena música”, como buena cocina, buen cine o tantas otras cosas, es totalmente subjetivo. Para mi buena música es toda aquella que me gusta, y no depende solo de la calidad intrínseca de la misma, sino también del momento en que la escucho: para una celebración festiva nunca pondría la maravillosa suite nº 3 de Bach, por ejemplo.

La música tiene capacidades sorprendentes: mueve las emociones, (te pone alegre, también melancólico); te da energía y también te relaja; ayuda a ajustar los ritmos biológicos (cardiaco, por ejemplo); armoniza los estados de ánimo. Pero siempre saca cosas buenas de uno; yo no recuerdo música que en si misma genere mal rollo; es cierto que a veces la música a todo trapo de un vecino te puede fastidiar, pero en realidad en ese caso lo fastidioso es la mala educación del vecino, no la propia música.

¿Y qué tiene esto que ver con el mundo de la empresa y los RR.HH.? Pues mucho, y por diversas razones. En primer lugar, la música es uno de los elementos con mayor poder para movilizar emociones, y la mayor parte de las veces, emociones positivas. Y resulta que desde que Daniel Goleman diese el pistoletazo de salida, la inteligencia emocional es una de las herramientas más aceptadas en el mundo de la gestión empresarial: si la empresa y todo su entorno está constituida por personas y por las relaciones entre ellas (como empleados, como clientes, etc.) la capacidad para gestionar emociones, propias  y ajenas, es una de las claves para el éxito en las organizaciones. Y si la música ayuda a mover esas emociones, necesariamente tiene que ser un elemento que ayude a canalizarlas.

No me refiero tanto a una capacidad para manipular las emociones de los demás, sino una ayuda para gestionar las propias, a veces desbocadas. Algunos estudios musicológicos dicen que, por ejemplo, la marcha fúnebre de Beethoven disminuye aproximadamente en un octavo las pulsaciones del corazón de quien la escucha. Georgi Lozanov, educador y psicólogo especializado en el aprendizaje acelerado, estableció en un estudio que los movimientos lentos de la música barroca (Vivaldi, Bach, Corelli…), con frecuencias sobre los 60 ciclos por segundo, son los más adecuados para elevar los niveles de percepción y creatividad, por su mayor capacidad para ayudar a generar ondas alfa cerebrales, que son fundamentales en la capacidad de aprendizaje y creación. O sea, que resulta que el canon de Pachelbel puede ser más que bueno para la hoy tan cacareada, y parece que imprescindible, innovación empresarial.

Hay también quien considera que la musicoterapia es una gran herramienta para la mejora de la comunicación interpersonal e intergrupal; también que pone de manifiesto los beneficios del trabajo en equipo, y que por ello incrementa el sentido de pertenencia al grupo y por tanto el compromiso y el sentido de pertenencia. Podría convertirse, pues, en un aconsejable aliado en la gestión de personas dentro de las organizaciones.

Pero no pretendo promover aquí todo esto, porque desconozco la profundidad científica de estas consideraciones. Pero si creo que para la inmensa mayoría de las personas, y desde luego para todas las culturas y civilizaciones a lo largo de la historia, resulta obvio que la práctica y la escucha de la música produce amplios beneficios, hasta el punto que no hay religiones que no la incorporen como medio de comunicación con su dios (dice San Agustín que quien canta ora dos veces).

¿Y por qué esto es así? Yo tengo mi propia teoría (de valor más que limitado, por tanto), que nos lleva de nuevo a la física de partículas, a la infinitesimal y oscura frontera entre las teorías de Einstein y las de la física cuántica. Los físicos teóricos actuales parecen estar de acuerdo en que, siendo ciertas ambas teorías, cada una en su ámbito de la realidad, parece que falta algo, aun no demostrado, que las unifique. Sería lo que vienen llamando Teoría del Todo, que englobe ambas mediante el punto, no encontrado hasta ahora, en que confluyen.

En la búsqueda de esta nueva regla unificadora, una de las teorías que adquieren mayor predicamento (con diferentes versiones) es la denominada teoría de cuerdas (o también  de supercuerdas, de membranas o de branas). Con sus diferencias, y quedándonos quizás con la más sencilla de explicar, la teoría de cuerdas establece que la realidad física, en su más ínfima escala, muy por debajo de las partículas más elementales actualmente identificadas (quarks, neutrinos…) viene formada por diminutas cuerdas (como las de un minúsculo violín) que en función del tipo de vibración que produzcan, generan diversos componentes físicos: partículas (electrones, muones, fotones…), ondas o energía.

Es decir, según esta teoría de cuerdas, toda la realidad existente viene generada por las vibraciones de esas minúsculas cuerdas, encerradas en dimensiones físicas a las que todavía nuestra tecnología no nos permite acceder.

¿Y qué es la música sino vibraciones? Desde mi punto de vista, y suponiendo que estas teorías unificadoras estén en lo cierto (o al menos se acerquen), toda la realidad que nos rodea y que nos constituye no es sino una perfecta sinfonía (dejaremos aparte el tema de quién la interpreta) en que no sobra ni una nota, ni una armonía, ni un silencio. Y la música lo que hace es conectarnos con lo más profundo, lo más interior de cada una de las células y átomos de nuestro propio ser y de  todo lo que existe. Por eso tiene esa capacidad para hacer aflorar las emociones.

Vista así, la música es, probablemente, el cordón umbilical que nos mantiene unidos a todo lo que existe, y que nos conecta con aquello que nos alimenta y nos da sentido: para un científico será la undécima dimensión, para un místico será el séptimo cielo.

Así veo yo la música y, como dicen los transalpinos, si non e vero, e ben trovato.

Y pensando últimamente en todas estas cosas, en los poderes armonizadores, energéticos y cuasi curativos de la música, he pensado en contribuir a mi propio bienestar, y al de todos los que quieran apuntarse, con unas “píldoras musicales” que voy a “recetar” a través de Twitter cada día (o al menos intentaré que sea cada día).

Llevo ya una semana haciéndolo (no encontraba tiempo para escribir este post, pero quise empezar ya con el vademecum musical). Básicamente tendrán un componente vitamínico-energético (si son de administración matutina) o más bien relajante, si se toman por la tarde-noche. Quiero compartir lo que suelo escuchar cuando voy hacia el trabajo, y que me pone las pilas, o bien lo que escucho por la noche, que me relaja y me ayuda a descansar.

No sé si alguno de los que leéis el blog va a degustar alguna de estas pildorillas, pero sí me gustaría saber cuales os gustaría que os prescribieran. Así que os pregunto:

¿Que canción o pieza musical te gustaría escuchar al ir hacia el trabajo, para tomar energías (los lunes especialmente); o cual te encantaría oír mientras disfrutas de un momento de relax después de tu jornada laboral?.

Espero tus sugerencias para ampliar la lista de las #musicpill, y así el “tratamiento” será más personalizado. Sin receta, y sin copago.

Puedes dejarlas en forma de comentario a este post. Y si la idea te gusta, ya sabes: hazla correr, RT.

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15 thoughts on “CREATIVIDAD Y BIENESTAR: EL VALOR DE LA MÚSICA

  1. Hola Víctor, tengo mucha curiosidad por ver tus melodías propuestas; por mi parte, en casos de mucho estrés, como los primeros días de un trabajo nuevo (como es mi caso), recomiendo a la vuelta del trabajo, Green Day, David Guetta y OBK (viva el producto español!) entre otrosss.
    Me gusta mucho esta propuesta, gracias.

  2. Hola Víctor:

    Me ha gustado mucho tu propuesta. Tengo ganas de ver qué pildorillas diarias vas sugiriendo.
    A mi por la mañana me apetecería Queen, y por la tarde-noche, me gustaría algo de Barry White.

    Un saludo lo más musical posible.

    Inma

    • Inma, creo que tenemos gustos muy parecidos, porque de los que mencionas va a haber #musicpill, con seguridad. Y más de una vez y de dos. Aunque también intentaré, en algunas ocasiones, que sean versiones “especiales”.

      A modo de orientación, pongo la lista de las píldoras que ya he recetado desde que empecé hace unos días.

      17/03/2012 Here comes the sun THE BEATLES
      18/03/2012 Joyful, joyful AMC GOSPEL CHOIR
      19/03/2012 Papa, can you hear me? BARBARA STREISAND
      20/03/2012 Primavera (Las cuatro estaciones) VIVALDI
      21/03/2012 Sólo pienso en ti VICTOR MANUEL – PABLO MILANÉS
      22/03/2012 When you say nothing at all RONAND KEETING
      23/03/2012 Higher and higher ROD STEWART
      24/03/2012 Every Saturday night RAY CHARLES
      25/03/2012 His eye is on the sparrow LAURYN HILL
      26/03/2012 Salta TEQUILA
      27/03/2012 I wish STEVE WONDER
      28/03/2012 Think ARETHA FRANKLIN

      Mañana, otra.

  3. Me ha encantado, muchas gracias. Yo también me adhiero a las píldoras musicales.
    Por si acaso te interesa ver un par de enfoques más sobre la música, te sugiero:
    – Echar un vistazo al libro “Mensajes del Agua”, capítulo 2, de Masaru Emoto;
    – Visitar la web de Altom, sobre la escucha activa y la música de Mozart http://www.altomtomatis.es

    Un saludo muy cordial
    Edita Olaizola

    • Edita, gracias a ti por seguir la propuesta musical. El libro de Emoto no lo he leído, pero hace unas semanas vi un documental de la BBC donde se explicaba, y aparecían fotografías del efecto que producen en el agua tanto la música como las palabras; espectacular y para pensarlo con calma.

      Gracias por las recomendaciones, y si quieres deja tus propuestas musicales, que con más puntos de vista la cosa saldrá mejor, seguro.

      Saludos.

  4. Victor, mis felicitaciones, me siento muy ‘en sintonía’ con lo que nos cuentas en este artículo y algunas evidencias del campo de la bilogía nos acompañan. Supongo que por ese motivo, va ampliándose el campo de la ‘musicoterapia’.

    Sting, Queen, Rod Steward me ayudan por la mañana a ir al trabajo sin inquietarme por los atascos. Freddy Mercury, Estopa, Fito y algún aria de Pavaroti, me acompañan de vuelta a casa para celebrar el trabajo realizado.

    Espero con ilusión esas píldoras.

    Un abrazo

    • Bien, José Luis, bien. Creo que nuestros gustos musicales están también bastante “en sintonía”. De los que comentas, ya ha “caído” alguno en las #musicpill diarias.

      Ahora que lo pienso, lo que me extraña es que todavía no haya twiteado nada de Queen; bueno, creo que eso va a haber que arreglarlo pronto.

      Muchas gracias por tu aportación y seguimiento.

  5. hola soy juan
    a mi me gusta tanto la musica pero en especial bandas de trash metal, metal, rock clasico y progresivo
    ahora estoy estudiando para ser chef y en el futuro dar un giro a la cocina combinando la comida con la musica
    que te pareceria sentir en un platillo a metallica o algo por el estilo no se si me púedes ayudar o darmealgun consejo la verdad pienso que seria algo bueno en el mundo =)
    y de antemano gracias

    • Juan, muchas gracias por leer el post y por aportar tus ideas.
      La verdad es que no me atrevo a darte ningún consejo, aunque teniendo en cuenta que me encanta la música y también la gastronomía y la cocina, juntar una con otra tiene que dar un resultado espectacular, siempre que se elija bien.
      Creo que cuando ofreces algo a los demás, si quieres tener éxito en el empeño, hay que pensar primero en lo que le gusta a quien se lo ofreces (cliente) más que en tus propios gustos. En mi caso, el trash y el metal no son mi estilo de rock favorito, digamos.
      Aunque reconozco que una cena romántica con buenas baladas de Nirvana o Led Zeppelin tampoco estaría mal.
      Suerte con tu idea de fusión y gracias de nuevo por tu comentario.

  6. hola, he visto por casualidad este apartado y tengo que decir de la música que me chifla, siempre me refiero en mi modesta opinión a la música clasica, aunque en algunas ocasiones escucho alguna otra. Vivaldi, Mozart, Beethoven, Handel, bach, Pavaroti etc.
    Como se suele decir, si la música no existiera, habria que inventarla. Gracias por estar ahi, un saludo

  7. Sí la mísica es la terapía para el alma! A mí me gustan diferentes estilos, unos de mis cantantes y grupos favoritos son Bon Jovi, Celine Dion, Andrea Bochelli, Enigma, Anelia/Bulgaria/, Signal/Bulgaria/, etc.La versión de Hallilujuah de Bon Jovi me encantó,también hoy escuche una de Little Drummer Boy – Pentatonix – es muy bonita. Son muchos , ¡viva la mísica!

    Gracias!

Tus ideas y comentarios serán de gran ayuda; te animo a compartirlos.

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