EMPRESA CUÁNTICA: UNIVERSOS PARA LELOS

Una de las predicciones más desconcertantes de la teoría de la relatividad y de la física cuántica es la posible existencia de universos paralelos al nuestro. Según esta proposición, que no ha sido demostrada, parece matemáticamente posible que nuestro universo no sea “el” universo, sino que en realidad lo que existiría es un pluriverso ocupado por una infinidad de universos “burbuja” (como bolas en una mesa de billar), del cual el que nosotros habitamos sería solo uno más.

El principio cuántico de indeterminación es uno de los que sustenta dicha teoría, en el sentido de que como las partículas en realidad existen en una permanente situación de indeterminación en cuanto a su materialización concreta, una misma partícula se podría concretar en un estado (de onda, por ejemplo) en uno cualquiera de esos universos burbuja (el nuestro, por ejemplo) mientras que al mismo tiempo (en el sentido cuántico) podría materializarse en forma de partícula, en otro universo diferente.

Una característica de estos universos paralelos es que, físicamente, el contacto entre unos y otros no es posible, mientras no se consiga dominar la energía suficiente para moverse por el hiperespacio, por agujeros de gusano o puentes de Einstein-Rosen. O sea, que la incomunicación entre ellos es absoluta. A este tipo de universos burbuja, que “flotan” en el hiperespacio, los llamaremos de tipo A.

Parece que también puede existir otro tipo de estos universos paralelos, digamos los de tipo B, entre los que la separación no es en el hiperespacio, sino en diferentes dimensiones físicas. La realidad que nosotros percibimos se maneja en cuatro dimensiones (3 físicas + 1 temporal). Según las teorías de cuerdas, supercuerdas, o membranas, donde la física necesita, para ser coherente, de al menos 10 dimensiones físicas y otra temporal, puede haber universos que estén separados por solo una pequeña fracción de milímetro; más bien, que pudiesen estar exactamente en el mismo “sitio”, pero en diferentes dimensiones. La consecuencia, en cualquier caso, sería la misma: una incomunicación completa, si no se domina el salto entre dimensiones. Están juntos pero no se perciben entre ellos, ni se puede pasar de uno a otro.

Pues ahí tenemos a algunos de los más importantes estudiosos de la física, en el CERN de Ginebra, buscando una demostración empírica para este fenómeno pluriversal. Una de las cosas que pretenden encontrar es alguna prueba de la existencia de más dimensiones físicas de las que actualmente conocemos, lo que podría dar mayor veracidad a lo expuesto, al menos a los universos del tipo B.

Y yo me pregunto: ¿qué necesidad había de tantos miles de millones de euros gastados en ese fantástico laboratorio que es el LHC (Large Hadron Colider)?.

En realidad, en la empresa cuántica, el mundo del management y la práctica de las relaciones laborales hace tiempo que han demostrado la existencia de universos paralelos, y de las dos clases.

No tiene uno más que darse un paseo por ese tipo de empresa para percatarse de que su organización funcional en departamentos y áreas no es más que una manifestación de esos universos A, separados como burbujas que, como mucho, chocan unas con otras. En tantas organizaciones se experimenta la imposibilidad de comunicarse entre unos departamentos y otros, cual si el hiperespacio los separase.

Y así como en el vacío interestelar sabemos que existe mucha más materia oscura y antimateria que materia percibible (la que se ve, vaya), igualmente en la empresa cuántica la realidad pluriversal e incomunicada se perpetua, con su antimateria de politiqueos internos y luchas de poder, cual agujeros negros que se fagocitan unos a otros. Y, del mismo modo que la expansión de nuestro universo es cada vez más acelerada, así los reinos de taifas de la empresa cuántica subsisten cada vez más alejados unos de otros.

Por contra, en la empresa deconstruida hace tiempo que se percataron de que no tiene sentido seguir caminos diferentes cuando el destino final se pretende común. Como explica Elena Méndez en el blog del IE, Steve Jobs organizó Apple como una empresa unida y flexible, alejada de los departamentos aislados unos de otros.

No tenía ningún problema en despedir empleados si los equipos de trabajo no colaboraban a fondo entre ellos. Hoy podías estar en un proyecto y mañana en un equipo diferente. No hay divisiones o negocios: una única cuenta de resultados común a toda la empresa.

Y parece que la receta le funcionó: un modelo que conjuga colaboración y gestión de la competencia interna.

Una, no la única, de las razones que mantienen estos universos desconectados es la de la comunicación, o la falta de ella; cual si de la maldición de Babel se tratase, cada área parece hablar un idioma diferente a la otra. Y no porque sean lenguajes técnicos distintos (contable, de marketing, legal, etc.) sino porque habla cada uno el dialecto del propio interés. Eso les impide entenderse con el único término que debiera guiarles: bien común.

Pero si esta forma de organización incomunicada es paradigma de los universos paralelos del tipo A, las modernas relaciones laborales de la empresa cuántica lo son del tipo B. En la situación actual de crisis que tantos estragos está causando en España, las posturas de empresarios y representantes sindicales son la quintaesencia de dos universos que, estando en el mismo sitio, son incapaces de percibirse, de verse y ya no digamos, de pasar uno al lado del otro, saltar a la otra dimensión.

No se dan cuenta de que la empresa es el lugar común que los une, es el proyecto que, de salir bien va a ser beneficioso para todos ellos y en caso contrario traerá perjuicios también para todos. Sin embargo, debe haber algún impedimento cuántico que hace imposible que la empatía pueda viajar de una dimensión a otra. Una pena.

Al igual que en la ciencia física, en la empresa cuántica falta poner en práctica una teoría unificadora que permita ver la empresa y todos sus componentes (personas, recursos, procesos, productos, clientes, etc.) como un todo y no como un conjunto de elementos, tantas veces desconectados, que generalmente solo persiguen sus propios objetivos.

Lo tristemente cierto es que las áreas y departamentos inconexos, la contradicción entre discurso oficial y hechos, la carencia de visión sistémica y de conjunto en los que marcan las estrategias, los paradigmas separadores (p.ej: “creatividad e innovación están en el dpto. de I+D”), los círculos de poder enfrentados y heterodestructivos, las rencillas de politiqueo en los comités de dirección, la falta de sentido de unidad entre empleados y directivos, convierten a la empresa cuántica en un oscuro hiperespacio de universos para lelos.

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4 thoughts on “EMPRESA CUÁNTICA: UNIVERSOS PARA LELOS

  1. A parte del título, muy ingenioso, aplaudo el artículo.
    Las observaciones que haces sobre los universos paralelos en la empresa en una realidad social evidente.
    Sobre lo que comentas de Apple, es lo que defendemos los sistemistas. La suma de los óptimos parciales no es el óptimo global. Hay que pensar en la empresa como un todo.
    Como esto es difícil porque la empresa es…. grande, he propuesto un modelo cuya estructura permite lo que recomiendas: la organisation fractal. http://www.fractalteams.com/ebook_fractalteams/organizacion-empresarial-sigloXXI-fractalteams.html

    Gracias por permitirme recordarlo aquí.

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