EL DON DE LA VIDA

Me ha costado casi una semana escribir este post. Realmente no sabía si venía al caso de la temática del blog, de la que no quisiera separarme demasiado. Pero, sin estar del todo seguro, ante la duda he decidido hacerlo, por si puede ayudar a alguien a reflexionar sobre lo único que realmente importa: la vida.

El domingo pasado me golpeó la noticia de la trágica muerte, por un accidente doméstico, de un niño de cuatro años, el hijo de una compañera de trabajo, una amiga.

Casi desde el momento que conocí la noticia, entre la incredulidad y el desconcierto, de lo primero que se me vino a la cabeza es algo que sí tiene que ver con el mundo de la empresa y el trabajo, en general, y más concretamente con todos esos libros de autoayuda para tener éxito, llenos de recetas sobre cómo enfocar la vida profesional de las personas: ¡el futuro te pertenece!, ¡se dueño de tu propio éxito!, ¡conduce tu vida y llévala hacia donde desees!.

Por una parte, no podía ni imaginar el sufrimiento que debían estar soportando mi amiga y sus padres. Pero por otro lado, no podía evitar una fuerte sensación de rabia contra todos esos pseudo-gurús y otros vendedores de humo, psicólogos de pacotilla del positivismo. Que pretenden ganarse unos duros (al final siempre está detrás el dinero) a base de la mayor falacia que se nos intenta hacer vivir a diario: tu vida te pertenece.

¿Nadie se ha dado cuenta de que eso es mentira? No conozco una sola persona a la que se le pidiese en su día permiso para nacer o para ser engendrado; y, curiosamente, el 99,99% de la población muere cuando no le apetece. Vamos, que tampoco nadie lo elige, salvo los suicidas, y en este caso es más como una escapatoria.

Porque si hay una certeza, la mayor y más clara de todas las que en nuestra vida podamos encontrar, es esta: te vas a morir; y no solo tú, también tus padres, tus hijos, tus amigos y el panadero. Y sin embargo, la gran mayoría de la humanidad vive de espaldas a esta realidad, como si eso sólo le pasara a los otros.

Un hecho triste, doloroso, como el ocurrido al hijo de mi amiga, primero nos hace salir la compasión, que es sufrir con el que sufre, con el otro (cum pasionem; padecimiento en común). Pero además, algo que parece tan antinatural (lo natural parece ser que los hijos entierren a los abuelos, primero, y luego a los padres; y no al revés) nos invita también a reflexionar.

Porque ante el hecho cierto aunque inesperado de la muerte de un niño, de uno relativamente cercano, mucha gente, lo he escuchado estos días, se plantea cosas como: “¿si Dios existe, como puede permitir esto?”; o simplemente afirman “¡qué injusta es la vida!”. Como si “la vida” fuese un ente personal, con voluntad y capacidad moral para la justicia o la injusticia. A la vida, como biología, lo mismo le da que existan las células de ese niño que las del mosquito de la malaria o las de un cardo borriquero.

Si has leído antes este blog, especialmente la sección “¿por qué este blog?”, sabrás que lo que en estas páginas virtuales intento exponer es la necesidad de recuperar los valores fundamentales, en general en la sociedad, y en particular en el mundo de la empresa y los RR.HH. Y, en concreto, los valores cristianos, que son los que todo el mundo occidental ha seguido como guía desde, al menos, el siglo IV de nuestra era.

Lo digo porque, como se verá, este suceso tiene todo que ver con el blog, porque desde mi experiencia personal, ante un hecho así solo la Fe puede dar luz a lo sucedido. No lo digo para convencer a nadie de nada, sino como reflexión, pues incluso personas con pocas creencias se hacen esta pregunta: “si Dios dicen que existe ¿cómo lo permite?”.

Y es que el asunto es serio, muy serio, porque como decía antes, la realidad es que cada día nos falta uno menos para morirnos. Y ante esa realidad solo existen dos posibilidades en cuanto a la trascendencia: o Dios existe, o Dios no existe (creo que no hay más opciones en ese sentido).

Si Dios no existe, pues la verdad es que cada uno haga lo que pueda y se consuele de la mejor manera posible, si es que se quiere consolar, o que se aliene para no pensar en su destino cierto y seguro: la caja de madera. Porque el panorama, y más hoy, es aterrador; comamos y bebamos, que mañana moriremos. Porque, en ese caso, todo está regido por el azar, por la suerte, por la supuesta libertad de cada persona, mucho más aparente que real. Que tu hijo viva o muera delante de tus narices depende de la suerte: menuda ruleta rusa macabra en que estamos metidos, si esto es así.

Pero si Dios existe, ¿puede ser que su existencia sea absolutamente indiferente a los hombres?. Ya sabemos que muchos viven así, indiferentes a esa cuestión. Pero ¿tiene sentido hacerlo?. En realidad, los antropólogos e historiadores saben que lo extraño es ser ateo, negar la existencia de un ser (o varios) superior. Todas las culturas, de todo el planeta, de todos los tiempos, han intentado comunicarse con aquel que dominaba las fuerzas de la naturaleza, casi siempre por miedo; algo en el interior del hombre, a lo largo de los siglos (quizás su propia certeza de finitud) le ha hecho patente la existencia de algo superior a él.

Y, si es así, para los que creemos que existe Dios, ante acontecimientos como el que he explicado al principio, suele darse una dicotomía, en el fondo un combate interior: si Dios existe y permite una muerte así, hay dos opciones: la primera es que Dios es un monstruo todopoderoso y cruel, que juega con nosotros a su antojo, y al final, visto como está el mundo entero, se puede deducir que lo que quiere es hacernos polvo la existencia. Hay quien se queda con esto, y lo puedo entender: sólo poner las noticias en la tele puede ayudarnos a quedarnos con eso.

La otra posibilidad es que Dios existe y que te ama, que te quiere. Pero ¿cómo? ¿que me ama y deja que mi hijo se mate?. Espera, porque si Dios te ama (y, si te ama a ti, también ama a tu hijo) a lo mejor en este acontecimiento lo que intenta es decirte algo.

Porque el Dios que yo conozco, que es el que se ha manifestado en su hijo Jesucristo, siempre habla en los acontecimientos de la vida personal de cada uno, y en los acontecimientos de la Historia de la humanidad.

Y tanto una cosa (lo personal), como la otra (lo histórico) nos confirma varias puntos: que nos vamos a morir, que no sabemos cuando, y que por tanto es una falacia aceptar que la vida está en tus manos, que te puedes labrar el futuro como desees (¡pero si no hay la menor seguridad de un futuro!) y otros mantras de ese estilo. Sencillamente, es mentira, y vivir como si fuera cierto es una absoluta necedad.

La vida no nos pertenece, no somos más que administradores de una serie de dones que hemos recibido: el primero la propia vida; luego dones interiores (inteligencia, voluntad, capacidad de trabajo, etc.) y externos (los hijos, por ejemplo). Ni los hemos comprado, ni nos los hemos ganado, ni por tanto nos pertenecen. Sólo tenemos la responsabilidad de “administrarlos” como conviene, para que, en la medida de lo posible, den los frutos esperables.

Pero claro, todo esto es solamente mi opinión. En cambio, mi experiencia personal (que no opinión) se resume mejor con las palabras que escuché en un Vigilia de Pascua (ya lo mencioné en un post anterior): “esta noche hay dos buenas noticias: la primera es que Dios existe, y la segunda es que no eres tú; así que ya puedes descansar”.

A mi, en realidad, lo que me gustaría es que mi amiga algún día tuviese esa vivencia personal de, en este acontecimiento de muerte (la noche oscura de San Juan de la Cruz), poder experimentar la certeza de que Dios existe y que todo está bien hecho; poder decir con Job, “el Señor me lo dio, el Señor me lo quitó: bendito sea el Señor”. Sólo en esa experiencia está el verdadero descanso, porque si Dios te ama, ¿qué te podrá separar de ese amor?.

En cualquier caso, sólo pretenden estas lineas invitar a la reflexión, lejos de querer convencer a nadie de nada. En el próximo post volveré a los temas habituales que, en realidad, no tienen la menor importancia.

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16 thoughts on “EL DON DE LA VIDA

  1. Gracias victor. Todavia no se cual es mi consuelo…pero si que he tenido momentos que he pensado que dios me queria a mi y a mi hijo..porque si no, no entendiendo nada. No creo que nadie quisiera mal a mi hijo, ni dios ni nadie. Un beso

  2. Victor me ha encantado encontrarte y sobre todo con este post en la blogosfera. Un fuerte abrazo, y también para nuestra amiga y compañera. Besos, Teresa

  3. Gracias por el post… quizá creemos lo que queremos creer y reaccionamos a lo queremos reaccionar, y nos consolamos con lo que nos queremos consolar. He sido muy creyente, ahora soy muy relativo… la verdad es que quitando el hecho personal y cercano de un hijo pequeño que muere (no puedo ni quiero imaginar el dolor de sus padres), cada día mueren multitud de hijos pequeños, pero no son personal ni cercanos… por eso hablo de relativismo, porque tu dolor, tu pensamiento, tu reacción, tu consuelo, tu necesidad de Dios o innecesidad de Dios son en mi opinión relativos, y surgen (aún dentro de la fe), de la exaltación divina del hombre y su vida como centro de todo (incluso de Dios), y no como complicadas partes de un sistema natural en el que todo acaba pasando, todo acaba muriendo y transformándose en el sustento de otra cosa que está por llegar…

    • Ignacio:

      Muchas gracias por tu aportación. Aunque parece que discrepante con el fondo del asunto, agradezco mucho que hayas querido compartir tu opinión. Más aun precisamente por no verlo como yo.

      Te invito a seguir leyéndo el blog y seguir comentando.

      Un saludo

  4. Hola Víctor,

    la verdad es que ciertos sucesos en la vida hacen cuestionarnos la percepción que teníamos hasta ese momento de ella. Son momentos de duda, momentos en los que te da la sensación de que quizá lo que tú pensabas que era no es.

    Estos días he reflexionado (creo que todos lo hemos hecho). Hacía tiempo que no lo hacía tan profundamente. Incluso sigo en continua reflexión porque, hoy mismo, en el partido de baloncesto que ha jugado mi hijo Dani, se ha guardado un minuto de silencio por un compañero de Instituto de los jugadores del equipo contrario que falleció esta semana de un accidente de moto siendo aún adolescente.

    Creo que los humanos somos una paradoja. Por un lado somos racionales. Nos expresamos con frases como “lo lógico” o “lo normal”, pensamos en términos de causa-efecto y vivimos inmersos en rutinas que nos dan una (falsa) seguridad. Como tú dices – y en esto te doy la razón – a veces nos creemos demasiado dueños de nuestras vida. Pero ocurre que también somos trascendentes. Lo hemos sido a lo largo de toda nuestra historia. Tenemos la necesidad de darle un sentido a nuestra vida cuando la respuesta a lo que nos acontece está más allá de nuestra razón, de “nuestro mundo”. Y aquí cada uno con sus creencias. Yo personalmente no soy creyente en términos cristianos, pero tengo mi visión de la trascendencia.

    Este momento de trascendencia – o de resolución de nuestras dudas más allá de nuestro alcance racional – es sano y necesario. Intentar tener una nueva perspectiva de las cosas nos ayuda. En términos laborales es pararte a pensar qué es lo que has estado haciendo hasta ahora, si estás siendo eficaz y si hay formas diferentes para hacerlo más eficientes. Luego, de nuevo a la rutina.

    Nacemos sabiendo que vamos a morir, pero nos olvidamos a menudo de ello. A veces parece que vivimos creyendo que seremos (terrenalmente) eternos llenando nuestra mochila con “objetos” supuestamente de mucho valor y pensando en un futuro a demasiado largo plazo, cuando lo realmente importante es el aquí y el ahora.

    Y acabo, porque creo que ¡voy a superar la longitud de tu post! 😉

    Quizá no seamos del todo dueños de nuestras vidas. Pero sí hay que tenemos el poder de elegir: nuestra actitud ante la vida.

    Un abrazo,
    Xavi

    • Xavi, muchas gracias por tu breve aportación, je, je.

      Viktor Frankl, un crack, decía que lo único que no se le puede arrebatar al hombre es la libertad de decidir cómo enfrentarse al sufrimiento y la adversidad. Y lo decía él, que estuvo en un campo de concentración.

      Gracias por el comentario. Un abrazo.

  5. Gracias Víctor, estas palabras hacen a uno reflexionar un poco y darse cuenta de lo que verdaderamente importa en la vida.
    Un abrazo,

  6. Buen Predicador…
    pero existen otras reflexiones y soluciones más humanas, donde no hace falta tener esa escapatoria sobrenatural. Por un lado existe una ética natural humana (esta es mi religión) y por otro, unos datos de física, biología, células, tiempo…Y con estos dos polos tengo que comprender los hechos. No hay nada más.

  7. Muchas gracias Víctor por este blog. No lo conocía, y he comenzado a seguirlo tras “el círculo de Oro”.
    Estoy contigo en que es necesario recuperar los valores fundamentales perdidos. El todo vale y el agarrarse a lo fácil, a lo que no supone sacrificio, es lo que “se lleva” y más si cabe, entre la juventud.
    La muerte de un hijo, es posiblemente la prueba más dura que debe superar una madre, cuando supe la noticia no podía dejar de pensar en ello, … había un nuevo ángel en El Clielo.

    • Hola Jose Luis:
      Me alegra mucho que te unas a la lectura del blog, y espero que te aporte algo de interés. Ya somos alguno más de “la casa”, je, je.
      Lo de los valores es verdaderamente una necesidad imperiosa, quizás no terminamos de darnos cuenta de hasta qué punto. Y sólo llegará la cosa a buen puerto si cada uno interiormente lo pone como fundamento de su actuar en la vida. No vale para nada exigírselo a los demás.
      Un saludo.

  8. No lo sé porque pasan las catástrofes, las murtes de los niños, etc., sólo sé que pasan por algo, quizas como tú dices Díos nos quiere decir algo. A veces a través de estas desgracias, nuestra relacón con él se fortalece , a veces no. Sé que él es perfecto y nos quiere , sé que con lógica no vamos a encontrar la respuesta de ¿por qué ?pasan estas cosas , es confianza y creer en él.
    Estamos rodeados de ruido y él está en el silencio y a lo mejor dándole nuestro tiempo y presencia, encontrarémos la paz. Como “administradores” de la tierra somos responsables de como administramos la tierra y si, la vida no nos pertenese, pero si la tenemos que vivir i hay que intentar vivirla bien, no elegimos el nacimiento, ni la muerte, pero si tenemos la libertad de elegir si queremos caminar con Jesucristo o no, él mismo nos lo ha dicho: “Yo estoy a tu puerta, y llamo; si oyes mi voz y me abres, entraré en tu casa y cenaré contigo“.

    Gracias!

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