¡QUÉ BELLO ES VIVIR!

Los seres humanos necesitamos rituales; alguien podrá decir que eso es cosa de curas, pero estoy seguro que muchos psicólogos, sociólogos y antropólogos estarán de acuerdo: necesitamos rituales.

Yo tengo algo parecido a un ritual, siempre que llegan las semanas previas a la Navidad, y es volver a ver la maravillosa película de Frank Capra ¡Qué bello es vivir!“. La de James Stewart, el ángel Clarence y el malvado y amargado señor Potter. Me gusta porque, a pesar de sus valores, tampoco el protagonista es un ser perfecto, como se ve en el momento de mayor angustia, cuando lo paga con su mujer y con sus hijos.

Y ¿qué tiene esto que ver con el mundo de la empresa?. Pues que la gestión de personas realmente no se va a convertir en un elemento crucial de las organizaciones mientras no se pase de un estilo directivo de control a una cultura empresarial basada en la confianza recíproca entre las partes, es decir entre empresa (empresarios, directivos, mandos) y empleados. Básicamente, dejar de tratar a estos como niños y hacerlo como adultos responsables que son (que somos), en una inmensa mayoría. Porque merece la pena dar confianza a los otros, y además hay razones para ello.

No quiere decir que se tenga que ser un ingenuo, al contrario; es imprescindible conocer a las personas, para lo cual el paso previo necesario es conocerse a uno mismo.

Hace tiempo que venía dando vueltas al tema de la película, sobre cómo las acciones con valores, en general, terminan siendo premiadas de una forma u otra, quizás no tanto materialmente, o no siempre, pero sí con algo mucho más importante, como es la felicidad, el sentido que dan a la vida.

Pero, al final, siempre se puede decir: bueno, no es más que una película. Y es verdad, pero no es menos verdad que en la vida real suceden también cosas parecidas constantemente; acciones algunas veces muy mediáticas y a veces totalmente privadas, acciones hechas por personas imperfectas, como todos, que son una muestra de valores y virtudes de las que todos deberíamos aprender, y que nos deben ayudar a pensar que merece la pena fiarse, creer en la gente, al menos hasta que no te demuestren lo contrario. Sabiendo que todos somos capaces de hacer cosas reprochables (¿quién puede tirar la primera piedra?), en realidad la vida está llena de ejemplos concretos de personas normales que hacen cosas extraordinarias.

Y no lo digo en plan cursilería ñoña, me refiero a algo muy concreto, que debería afectar a la forma en la que se trata a las personas en las empresas. Las organizaciones empresariales necesitan dar el paso de creer en las personas que las componen (con hechos, no de boquilla), tratarles como adultos, como personas de las que te puedes fiar. No digo que deban desaparecer los controles, porque todos cometemos errores y esos errores hay que detectarlos. Pero una cosa es tratar los errores y otra diferente es presuponer intenciones y malbaratar capacidades.

Está demostrado (efecto Pygmalion) que las personas rinden mucho más en función de lo que les muestras que esperas de ellos: si les muestras que esperas mucho, seguramente aportarán más de lo que esperas. Si haces lo contrario, probablemente no te darán ni lo que tú crees que podrían dar. Esta sola ya sería una buena razón para cambiar ese chip entre los directivos y mandos.

Pero es que además todo ese espíritu controlador es caro, requiere de recursos que se podrían usar (especialmente en estas épocas de escasez) en cosas mucho más productivas y eficientes. Dando, además, a las personas la posibilidad de ejercer su libertad y su responsabilidad. Así parece haberlo entendido, Joe Reynolds, propietario de Red Frog, compañía norteamericana de organización de eventos.

Y a todo esto se une la cada vez mayor sensación de decaimiento de la sociedad, que parece haber perdido la esperanza y la autoestima. Rodeada a diario de cientos, miles de noticias cada vez más sombrías y deprimentes.

Todo esto me ha llevado a decidir un pequeño cambio en mi blog, sin salirme del tema central, que son los valores y la empresa, y es el de añadir una sección que va a llevar el nombre del título de la película que comentaba al inicio: ¡Qué bello es vivir!. Porque lo cierto es que hay montones de historias a nuestro alrededor que deberían contribuir a levantarnos la moral, a devolvernos el optimismo y la esperanza en todos nosotros.

Se que me uno a otras personas que, como yo, piensan que ya está bien de tanto negativismo, al que no hay que cerrar los ojos (a los hechos que lo producen) pero del que no podemos ni debemos dejarnos aplastar. Así se podía leer, por ejemplo, en un reciente artículo de Ángel Largo, en RRHHMagazine, titulado precisamente “creer en la personas”.

Me gustaría contribuir desde este blog a poner de manifiesto que realmente merece la pena confiar en las personas en general, y en concreto, en sus puestos de trabajo; además, es más barato y redunda en mayor productividad, mejor calidad del trabajo, mejor ambiente laboral y, con todo ello, mejores resultados para la empresa y para las propias personas que las componen.

Porque historias como la de la película de Capra se producen cada día: unas son grandes historias, conocidas, otras son pequeñas, personales, sólo para los cercanos. Pero la cuestión es la misma. Me he propuesto hablar de ellas en este blog, porque se trata de valores humanos y porque debe tener una trascendencia, como digo, hacia el mundo empresarial, hacia un cambio en los paradigmas de la gestión de personas.

Historias como las que he leído esta semana: la de Damián, que según narra Jaime Pereira en su blog, ha vivido siempre con unos profundos valores de sencillez, humildad y honradez. O la de Xavier Pascual, publicada en El Periódico, alto directivo que ha renunciado a su más que bien remunerado trabajo para no perderse la infancia de sus hijos. O la de Isidre Esteve, de la que recientemente publiqué un post.

Y es que continuamente las personas muestran valores y virtudes a nuestro alrededor. Sé que los periódicos y telediarios están llenos de lo contrario: corrupción, asesinatos, engaños, robos, etc., etc. Pues yo aquí quiero poner de manifiesto que en realidad lo otro, lo que tiene valor, es mucho más abundante y generalizado.

Y ya que el post ha empezado con una película, voy a estrenar la sección con una historia real (como todas las que aparecerán aquí) que se ha hecho conocida por otra película, La lista de Schindler, de Steven Spielberg, que narra la trayectoria vital de Oskar Schindler durante la II guerra mundial. Como la historia es archiconocida, os dejo un trailer de la película, con la maravillosa música de John Williams.

Como en el otro caso, me gusta que no se trata de lo que podríamos entender por un buenazo, un santito que no ha roto nunca un plato. Al contrario, es un sirvengüenza, aprovechado, sin escrúpulos que, frente al sufrimiento y la injusticia más atroz, descubre el valor de las personas, el valor de una sola persona más. Y experimenta que, como dice el Talmud, quien salva a una persona, salva al mundo entero.

Anuncios

Tus ideas y comentarios serán de gran ayuda; te animo a compartirlos.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s