NAVIDAD Y CRISIS: VALORAR LO ESENCIAL

Estamos en Navidad. Para la gran mayoría de los habitantes del mundo occidental, unas fechas familiares, alegres aunque también con añoranzas de las personas que nos han dejado. Fiestas de celebración, en familia sobre todo. Que se manifiesta en las desmesuradas comidas y cenas, largas tertulias, en los regalos y brindis, como signo de cercanía, de afecto hacia nuestros próximos (prójimos). Pero estas navidades, como la de los últimos dos o tres años, son un poco diferentes, debido a la crisis económica que azota a prácticamente todo el planeta.

La precariedad que trae la crisis afecta, básicamente, de tres maneras diferentes: una parte de nuestra sociedad ya antes de la crisis se encontraba en una situación económica penosa, de pobreza real, que le impedía seguir las prácticas generales de gasto y consumo de estas fechas. Muchos de ellos tenían cena de Nochebuena porque así se la ofrecían en los albergues y centros de beneficencia. Otros ni tan siquiera eso, pasaban esa noche como otra más, acurrucados en sus cartones. Para todas estas personas, la situación económica global no les ha cambiado prácticamente la forma de pasar la Navidad, comparada con los anteriores años.

Otro grupo de personas, en el extremo opuesto de la escala social, tampoco van a notar mucha diferencia, pues siguen siendo igual de ricos o, al menos, adinerados, si es que no lo son más. Estos van a celebrar las fiestas, seguramente, de la misma manera que lo han hecho años atrás, con todo tipo de regalos y manjares, o quizás pasando unos días de relax esquiando a todo plan, o en alguna capital cosmopolita.

No voy a hacer demagogia barata sobre que en Navidad hay que ser generoso y que los ricos deberían ocuparse más de los necesitados. Todo eso (maratones solidarios y otros “buenismos”) me parece un moralismo estacional que en realidad casi siempre no es más que un bálsamo para acallar malas conciencias, aunque estas sean inconscientes. Y es que coincido plenamente con Santa Teresa cuando decía que en la vida “cuando perdiz, perdiz; y cuando disciplina, disciplina”; la santa declaraba que el ser humano puede y debe saber disfrutar las cosas buenas que la vida le regala, sin ataduras, y con la misma alegría y abandono aceptar los momentos de escasez, cuando llegan (y, no se me entienda mal, no me refiero a la inmoral situación que viven los pobres del primer grupo, en su mayoría víctimas de nuestro propio egoísmo como sociedad).

El tercer grupo de afectados por la actual situación económica es, seguramente, el de la mayor parte de nosotros y de las personas que conocemos. Algunos ahora sin trabajo, otros con menores ingresos y muchos con muy poca seguridad laboral, que les impide asumir unos gastos que quizás en otro tiempo habrían financiado sin mayor problema, en caso de no poder acometerlos directamente con sus ingresos. Quien más y quien menos, casi todos han tenido que replantear menús de Navidad y cartas a los Reyes Magos, por la falta o reducción de recursos.

Natividad de Murillo

Pues que buena noticia, la verdad. No es, en sí misma, una buena noticia la crisis (o sí, pero eso es para otro post); no es que desee a nadie que pase dificultades y penurias, de ningún tipo. Pero sí lo es la consecuencia que trae en estas fechas concretas, si somos capaces de interpretar los signos de los tiempos.

Porque en todos los órdenes de la vida es imprescindible no perder la esencia de las cosas. Y en lo que a la Navidad se refiere, como en otros muchos aspectos, hace mucho que se había perdido la esencia, en general.

Porque se pierde la esencia cuando olvidamos qué es lo que se celebra en estas fechas; a saber:

1º – Que Dios existe.

2º – Que por Amor ha querido Dios asumir nuestra condición frágil, precaria e incapaz, y hacerse como nosotros; por eso, como signo, ha nacido en la mayor precariedad, en un pesebre de un establo de una posada de una pequeña aldea de Judá, en Israel.

3º – Que ese recién nacido es el único que nos trae la salvación para las consecuencias que cada día experimentamos de nuestra pequeñez, fragilidad y debilidad.

4º – Que saber y experimentar que Dios no nos ha dejado solos nos reconforta, nos alegra, como se alegra el niño cuando su padre lo levanta del suelo y su madre lo cura. Y por eso lo celebramos; y siempre se celebra con otros, con alegría, por eso nos reunimos en familia y festejamos.

5º – Que ese acto de Amor de Dios nos parece un enorme regalo, que desde luego no merecemos. Y por eso en estos días nos hacemos regalos unos a otros, entre los familiares y allegados, como signo de ese incomparable don que el Padre nos ha hecho a nosotros con el nacimiento de su Hijo.

6º – Que ese regalo, experimentado en nuestra falta de merecimiento, permite que nazca en nosotros un mayor amor hacia los prójimos (sean o no próximos), que pueda crecer la generosidad hacia los necesitados, de manera auténtica, que es la que nace del agradecimiento y de saber en humildad que todo lo que tenemos nos es dado, en muy poco merecemos y desde luego no nos pertenece.

La crisis hace que en muchos hogares la Navidad se viva esta año, de manera forzosa, con mucho menos despilfarro, menos lujo, menos superficialidad. ¡¡Qué gran oportunidad para vivirla de una forma más auténtica, de recordar lo que significa y lo que nos trae: esperanza, poder vivir sin miedo a pesar de las circunstancias e, incluso, poder Amar (con mayúsculas, sin esperar nada a cambio)!!.

Personalmente, a todos los que leéis este blog, no os deseo precariedad pero sí que podáis encontrar la Paz verdadera y la alegría profunda en estos días, ante la Buena Noticia del nacimiento de un niño pequeño que ha transformado la historia de la humanidad y puede transformar nuestros corazones (que es mucho más difícil). Y esa es la transformación que, precisamente, nuestra sociedad necesita para salir de la crisis que padecemos; dicho lo cual, se cierra el círculo del tema de este post y me despido hasta el año que viene: ¡¡Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo a todos!!.

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4 thoughts on “NAVIDAD Y CRISIS: VALORAR LO ESENCIAL

  1. Totalmente de acuerdo! El motivo de la celebración de Navidad es el nacimiento de Jesucristo y con esto la esperanza de cambiar corazones, vidas!
    Gracias!

Tus ideas y comentarios serán de gran ayuda; te animo a compartirlos.

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