STEVE JOBS Y EL DIA DE LOS FIELES DIFUNTOS

Confieso que me había autoimpuesto no hablar en mi blog del genio de Palo Alto, más que nada para no resultar repetitivo (dada la avalancha por doquier). Pero lo bueno de las autoimposiciones es que te puedes autoindultar así que hoy, día dos de noviembre, en el que se conmemora a los fieles difuntos, me ha parecido que venía a cuento proponer una reflexión, inspirada por la vida y muerte de Steve Jobs, a todo aquel que quiera hacérsela y, mejor aun, compartirla.

Su archiconocido discurso en Stanford ha dado lugar a mucha literatura bloguera estas últimas semanas. A mi, sinceramente, me parece exagerado decir que Steve Jobs “nos ha cambiado la vida” o ”ha cambiado el mundo”, pero también es posible que mi visión sea más corta que la de los entendidos en la materia tecnológica. En cualquier caso, no creo que lo haya hecho más que, por ejemplo, el Dr. Fleming, que más que cambiar vidas, contribuyó a curar y salvar millones de ellas. En cualquier caso, no es ese el debate que persigo.

Lo que me ha interesado del discurso de Stanford fue su invitación a los jóvenes graduados a salirse de lo convencional, a actuar con cierto grado, controlado, de locura. Pero sobre todo, les animó a no olvidarse ningún día (él no lo hacía) de la única certeza que todos compartimos, aquella que tiene todo ser humano desde el momento en que nace: que te vas a morir, antes o después. Quizás por otras razones de fondo, no sé si compartidas por el magnate californiano, creo que uno de los males del mundo radica precisamente en la infantil idea con la que millones de personas vagan por la vida, en el sentido de creer que los que se mueren siempre son los otros. Como si el evitar pensar en ello fuese a impedirlo.

día de los fieles difuntos y Steve Jobs

San Francisco, de Zurbarán

En los cuadros de pintura religiosa, a los santos siempre se les dibuja con una calavera en la mano o cerca de ellos, como símbolo de que en todo momento tienen presente su finitud, su limitación, y esta no sólo en el sentido temporal. Como dice Jobs, frente a la muerte, sólo quedan las cosas importantes, lo secundario desaparece y pierde toda importancia. Esta idea me ha llevado a proponer en este post, para el que quiera seguirla, una reflexión basada en un caso hipotético y con “trampa”.

El caso sería que un lunes por la mañana te comunican un diagnóstico de una extraña enfermedad fulminante, para la que no te dan más de dos o tres días de vida (o sea, que morirás en el transcurso de la semana laboral). Supongamos que el médico, amigo tuyo, te dice que dado que tu cuerpo no muestra síntomas (caerás fulminado sin dolor) y que físicamente te encuentras bien, lo más conveniente para tu estabilidad psicológica y emocional es no romper las rutinas cotidianas; por tanto, lo mejor es que te vayas a trabajar.

Por eso digo que hay trampa, porque ante una situación así supongo que lo normal es que uno se vaya a su casa para estar con sus hijos, esposa, marido, padres, etc. Pero para nuestra hipótesis no vamos a permitir dicha premisa y sí vamos a suponer que haces caso al médico y te vas al trabajo.

La reflexión que me planteo es: ante esta situación ¿que harías en ese par de días que te quedan? ¿como emplearías tus últimas horas de vida en tu trabajo?. Y me refiero a tu trabajo real, el que tengas hoy, con todos sus componentes: carga de trabajo, jefes, reuniones, compañeros, proyectos sin cerrar, etc., etc.

Y como digo, aunque seguro que sería la única respuesta posible, no vale el decir que te irías con tu familia a pasar esas horas con ellos; la verdad es que esta reflexión que planteo tiene una intención por mi parte, que de momento no voy a desvelar; pero para que funcione necesito de la colaboración de todo el que amablemente quiera participar en el “experimento”. Si lo haces, sí te pido que reflexiones un poco antes de contestar, para que la respuesta pueda ser tanto racional como emocional, al menos potencialmente.

Y, no sé, quizás hace mucho que no has pensado en estas cosas, quizás nunca seriamente. Me ha parecido que hoy, día de los fieles difuntos, no era un mal momento para planteárselo: ¿Qué harías o cómo pasarías tus últimas horas de vida en tu trabajo?.

Espero que no os parezca muy macabra la propuesta, porque lo cierto es que la intención no va por ahí. Pero para poder dar una respuesta sincera sí hay que meterse emocionalmente a fondo en el caso expuesto. Te quedaré muy agradecido por tu colaboración en forma de comentario.

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9 thoughts on “STEVE JOBS Y EL DIA DE LOS FIELES DIFUNTOS

  1. En esos dias intentaría dejar todos mis asuntos en orden, de igual manera que si me fuese a ir de vacaciones. Lo que si haría de extraordinario sería intentar pedir esas disculpas que siempre aplazas o dar esa palmada de ánimo a quien se la merece. Básicamente repartiría reconocimientos y todos esos detalles personales que siempre quedan para otro dia.
    Por lo demás, no haria nada excepcional ya que siempre he trabajado con la idea de que mi puesto no era permanente y si yo faltase todo debería continuar sin mi de la misma manera que conmigo.
    Saludos

  2. Querido Víctor,
    ¡Que pregunta más difícil! Yo probablemente esos dos días los aprovecharía más en casa con los míos que en el trabajo. En la oficina les pediría perdón por todo lo que pude hacer mal o simplemente por lo que dejé de hacer. Luego seguramente me pondría en manos de mi “coach” y a esperar el momento critico con la esperanza de llegar a la otra Vida que es para lo que he intentado luchar durante tantos años.

  3. Hola Victor,
    Me ha sorprendido verdareramente, provoca la necesidad de separar lo importante y trascendental de lo que no lo es. Aunque para mi es sencillo pues mis prioridades están claras: La familia por supuesto. El “coach” en mi caso es tener fe y la creencia en una vida mejor, herramientas hoy en día en desuso…

  4. Nunca había pensado que pasaría mis últimos días, si era consciente de ello en el trabajo. Hablaria basicamente con todo mis compañeros, los que son eso para despedirme, con mi equipo dejar todo bien preparado para mi ausencia y decirles lo mucho que les aprecio,(ahora lo hago), con mis amigos del trabajo, que los tengo pedir perdón por si he fallado, esto mismo tambièn sería de aplicación a mi equipo. Y seguro que llorar mucho…por saber que no los veré más.

  5. Me apunto a los que te responden Victor y lo hago “desde la experiencia, pues ya he pasado por ese trance”: Hace unos años me operaron de una dolencia muy común y poco importante, al día siguiente volvería a trabajar, así que no hice nada especial, trabajé como cualquier otro día. El caso es la operación se complicó y estuve un mes en coma, en la UCI, con los pulmones encharcados, los riñones sin funcionar y al borde la la muerte.
    Afortunadamente me recuperé pronto y volvía a trabajar para hacer lo que siempre hago. Algunas personas me preguntaban si no había reflexionado sobre la vida y había tomado alguina determinación de cambiar, a lo que yo les respondía que no, que me gusta lo que hago y que no veo razones ara hacer otra cosa.
    Después de esa experiencia, si tu pregunta es qué haría en el trabajo si sólo me quedasen dos días de vida, la respuesta es: “lo mismo que cualquier otro día”.

  6. En el momento de recibir la noticia de los pocos dias de vida que me quedan, sicologicamente no se como reacionariá, pero el ser racional e irracional desde su concepción su fin es morir.
    En cuanto que haría, creo que seguir trabajando, pedir perdón no es lo adecuado porque seria síntoma de hipocrecía, pasar con la familia tampoco creo conveniente porque estaría trasladando un problema a tus seres queridos.

  7. Gracias a todos por vuestros comentarios; disculpad que no os responda uno por uno, pero mi idea es hacerlo en forma de post. Las respuestas, tanto directas en el post como en grupos de Linkedin donde lo he publicado, me han parecido muy interesantes y dignas de hacer un comentario sobre lo que, en general, traslucen. Os remito, pues, a la próxima entrada.

    Saludos.

Tus ideas y comentarios serán de gran ayuda; te animo a compartirlos.

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