NECESITAMOS CAPITANES INTRÉPIDOS

Hace algunas semanas que no publico porque he tenido la inmensa fortuna de pasar unos días de vacaciones con mi familia en Ibiza. El viaje lo hicimos por mar, para poder llevar el coche. En las monótonas horas de navegación recordaba que la imagen del barco siempre me ha parecido una metáfora excelente de la vida empresarial: un grupo de personas que, en equipo, con un líder claro, siguen el rumbo marcado con el fin de llegar al puerto establecido para la singladura.

Y pensaba, en concreto, en la figura del líder del barco, el capitán. Es una especie de señor omnipotente (los romanos lo llamaban “magister navis”, y los ingleses “master under god”), que no sólo tiene poder sobre todo aquello que hace referencia al viaje, la nave, tripulación, pasajeros y/o carga. Tiene incluso potestades que normalmente pertenecen a otros ámbitos: en el civil, celebrar matrimonios, p. ej.; en cuanto a seguridad pública, tienen carácter de autoridad; y también, llegado el caso, se le considera fedatario público. En resumen, un amplio abanico de poder y mando.


La navegación marítima, como la vida empresarial, es una actividad sumamente complicada y no pocas veces peligrosa, que requiere una gran preparación para llevarla adelante, además de unas características personales que no todo el mundo posee. Un capitán, como el máximo ejecutivo de una empresa, debe ser un líder que arrastra a su equipo, no sólo porque así lo manda el escalafón, sino porque, especialmente en los momentos difíciles, asume su responsabilidad y toma las decisiones necesarias para llevar su navío a buen puerto (aunque a veces el temporal sea tan fuerte, como en nuestra actual travesía económica, que sea necesario ir modificando rumbos momentáneamente y capeando el temporal para no acabar contra las rocas). Es bien conocida la frase de que, en caso de hundimiento, el capitán es el último que abandona el barco. Por desgracia, en el entorno empresarial no siempre ocurre eso, y especialmente en situaciones críticas como la actual son más necesarios que nunca los líderes que asumen su responsabilidad, y dejando de lado el miedo que puedan tener (que es humano y normal) toman las decisiones necesarias en lugar de quedarse paralizados en el puente de mando de sus despachos.

Claro está, que la nave sólo con el capitán no va a ningún lado. Es indispensable que la tripulación trabaje comprometida al cien por cien con el rumbo marcado; es verdad que quizás algunos preferirían ir a otros puertos, o tener mejores medios para lograrlo, pero la realidad es que son ellos, todos ellos, los que tienen que conseguir salir del temporal. Sinceramente, hace tiempo que no veo la empresa como una “lucha” entre empleados-obreros y dirigentes sino que realmente deberían todos actuar como un conjunto, un equipo, en el que sólo ganan unos cuando ganan todos. Para mi ese sería el enfoque más humano, y más rentable también.

Por eso, y como todas las demás es una opinión muy personal (aunque posiblemente compartida por otros), las posiciones sindicales actuales creo que están bastante trasnochadas: no tiene sentido, por ejemplo, el empeñarse en mantener subidas salariales sobre el IPC cuando la economía está como está, y las empresas, sobre todo las PYME, ni te lo explico. Me parece imprescindible que, buscando el bien común del grupo (que incluye empleados, directivos, clientes, proveedores y accionistas) se hagan esfuerzos sin perder de vista que el objetivo común será poder amarrar la nave en el próximo puerto ya que, de otro modo, los Titanic se van a multiplicar… más. Es cierto que para ello, y volviendo a la máxima responsabilidad que debe caracterizar al capitán y su equipo directo, estos deben también huir de sus beneficios personales y luchas fratricidas, tan perjudiciales, y por otro lado confiar plenamente en sus tripulaciones.

Al respecto, decía Gary Hamel recientemente en una entrevista en La Vanguardía: “no desconfíes de tu empleado: cree en él o despídelo”. El capitán tiene la obligación de formar una tripulación en la que poder confiar, y delegar esos montones de pequeñas decisiones que hay que tomar día a día en la sala de máquinas. Si el último marinero tuviese que esperar la indicación del capitán para saber cómo colocar la maroma en el amarre, seguramente acabarían pronto estrellados contra el muelle. Así, al capitán le conviene desarrollar al máximo a su tripulación asegurándose que comparten los mismos valores, que en último término son los que dotan de un espíritu común (cultura de empresa) a marineros y oficiales. Por fortuna, hay muchos barcos, muchos mares y muchos puertos a los que se puede llegar, así que tanto patrones como marineros no deberían temer poner en práctica el consejo del señor Hamel.

Pero como decía, lo que caracteriza (o así debería ser) al capitán es su responsabilidad, el asumirla en los momentos difíciles sin achantarse. Esa capacidad la demostró sobradamente el comandante (de aeronave, en este caso) Navarro, en un vuelo que llegaba a Palma de Mallorca. Contaba la anécdota Jose Manuel Chapado, socio director de ISAVIA, en el pasado ExpoManagement. Sobre la capital balear se cernía una tremenda tormenta, situada a media altura, lo que permitía a los aviones sobrevolarla, pero no descender. El vuelo de Aviaco (hace muchos años ya) llevaba bastante rato sobrevolando el temporal; el pasaje se empezaba a poner notablemente nervioso, y pasada ya hora y media en esa situación sonó la señal de la megafonía: “les habla el comandante Navarro. Como ya se habrán percatado, llevamos más de una hora volando en círculos sobre Palma por una fuerte tormenta que está situada entre nosotros y el aeropuerto. Este aparato tiene todavía autonomía suficiente para casi dos horas de vuelo, pero realmente no se sabe cuanto tiempo más puede durar la tormenta, que es muy fuerte. Por esa razón, he tomado la decisión de iniciar de inmediato la maniobra de descenso y aterrizaje. Durante el tiempo en que estemos atravesando la tormenta el avión se va a mover de manera muy brusca, con rayos en el exterior y fuertes vientos. Pero déjenme que les diga una cosa: yo estoy casado y tengo tres hijos que me esperan en mi casa, en Palma, y les garantizo que dentro de un par de horas voy a estar cenando con ellos.”  Dicho eso, se apagó la megafonía y el avión inició un vertiginoso y movido descenso; curiosamente, tras aterrizar, los pasajeros dijeron que no habían sentido miedo, más bien había sido como subir a una montaña rusa.

El comandante asumió su responsabilidad, tomó la decisión necesaria y actuó en consecuencia, con valor, sabiendo a la vez transmitir seguridad y confianza a pasaje y tripulación. ¿Dónde están hoy nuestros comandantes Navarro y nuestros capitanes Shackleton?. Empezando por las más altas instancias de gobierno, necesitamos que nuestros líderes ejerzan su responsabilidad, con decisión. Y todos nosotros hacer lo mismo, cada uno a su nivel.
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6 thoughts on “NECESITAMOS CAPITANES INTRÉPIDOS

    • gracias, Josep.
      la verdad es que, además de la “intrepidez”, lo que más me llama la atención del comandante es su capacidad de tranquilizar por adelantado: hoy en día necesitaríamos a alguien así, con la que está callendo (nunca mejor dicho).
      Saludos y gracias por el comentario.
      Víctor

  1. Necesitamos capitanes urgentemente, lo peor es que la gente no tenga a nadie a quien seguir. Y hay que saber que no todo el mundo tiene capacidad para saeguir capitan..y eso es muuy grave..demasiados capitanes ineptos en todos los ambitos. La humildad no es lo fuerte del ser humano, lastima para ellos y sus seguidores o subordinados. Y por favor que los capitanes en todos los ambitos sepan estar a la altura y se sacrifiquen igual que el resto, en definitiva predicar con el ejemplo…yo eso no lo estoy viendo

    • Montse:
      Pienso que el problema no es que no haya a quien seguir, que yo creo que si Lo hay (al menos yo lo intento); el problema es que mucha gente no sabe hacia dónde va, por lo que no puede saber a quién tiene que seguir. Con lo que normalmente acaba yendo detrás del que menos convenía. Si quieres coger el autobús, es imprescindible saber dónode quieres ir, porque si no acabarás en el lado equivocado.
      Gracias por estar ahí y comentar.
      Víctor

  2. Hola,
    Es una historia ejemplar. En el día a día encuentras más frecuentemente capitanes desbordados y desorientados que hacen daño, perjudican al resto y hacen zozobrar el barco. Sin embargo tienen una gran habilidad para siempre llevar el salvavidas puesto y ser los primeros en salvarse. Salut. Pilar

    • Pilar:
      Gracias por tu comentario. Es verdad lo que dices, pero yo creo que al final, puede que muy al final a veces, la vida pone a cada uno en su sitio. Y en cualquier caso pienso que la actitud más sana para el que los sufre es pensar: “peor para ellos; yo seguiré haciendo lo que tengo que hacer, o sea, lo correcto”.
      Un abrazo.
      Víctor

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