¿RECURSOS o HUMANOS? ¿OVEJAS o TIGRES?

Una antigua narración sufí cuenta la historia de un tigre que vivía entre las ovejas, pensando que era una de ellas. Su madre tigresa se puso de parto, justo después de atacar un rebaño de ovejas, y comerse una de ellas. Una vez saciada, las demás ovejas se fueron acercando, pues los depredadores no son peligrosos cuando se acaban de alimentar. En ese momento, por el esfuerzo de la caza, tuvo al cachorro, con la desgracia de que la madre murió. El tigrecito recién nacido se encontró rodeado de ovejas, huérfano, y pensó que él era una más de esas ovejas, y así fue adoptado por el rebaño, viviendo como una más, pastando hierba y balando como el resto.

Al cabo de un tiempo, un tigre adulto lo vio desde lejos, y horrorizado por la humillación que suponía ese espectáculo para la raza de los tigres, se lanzó furioso sobre el rebaño, agarró al tigre, ya joven, y le obligó a mirarse en la superficie del lago. Luego mató a una de las ovejas y le puso un gran pedazo de carne entre las fauces; al joven tigre primero le pareció tremendo esa especie de acto caníbal que debía perpetrar pero, pasados unos segundos, se dio cuanta de que la carne de su “hermana” oveja… sabía mucho mejor que la hierba que había comido hasta entonces. En ese momento, el joven tigre soltó un gran rugido, y las ovejas entendieron que su hermano rayado había cambiado, porque había comprendido lo que realmente era: un tigre y no una oveja.

Fredy Kofman es doctor en economía por la Universidad de California en Berkeley, y fue profesor en la Escuela de Negocios Sloan, del M.I.T., siendo elegido allí “Profesor del año” en 1992. Lo que me interesa más del profesor Kofman es que, después de unos años como profesor en el M.I.T., lo cual había sido su mayor objetivo profesional, dejó su plaza porque se dio cuenta que lo que el consideraba fundamental para enseñar a futuros líderes no formaba parte del currículo de esa escuela (y no, evidentemente, porque los estándares técnicos no fuesen de los mejores del mundo).

En el siguiente video, extracto de una conferencia del profesor en una universidad de Centro América, Fredy Kofman se sirve del mencionado cuento sufí para explicar lo que él cree que son las dos posibles posturas de las personas: el vivir como ovejas o como tigres.

La filosofía de las ovejas es la de hacer lo que los acontecimientos externos les obligan, perdiendo toda responsabilidad sobre sus actos (son las circunstancias las que mandan) y por tanto siendo “inocentes” pues no tiene culpa de que las cosas no sean como deberían ser. La culpa, de hecho, siempre es de los demás. Por tanto, son también impotentes de influir en el propio devenir de sus vidas, pues todo les viene dado; siempre hablan con verbos reflexivos (se ha roto, me han suspendido) y tienen un marcado espíritu victimista, ya que en sus vidas no son más que víctimas de lo que otros deciden, no pueden hacer otra cosa diferente a lo que hacen (llegué tarde porque había mucho tráfico). El hombre-oveja es reactivo, sólo funciona por reacción a estímulos exteriores. Para el profesor Kofman, la gran mayoría de la gente vive así, y de hecho todos pasamos en la vida por esta fase ovejil, sólo que muchos se quedan allí estancados.

El que es tigre, sabe quién es y asume su responsabilidad; no vive según las circunstancias, sino que lo que la vida le ofrece son datos en los que apoyan sus decisiones, a partir de las cuales actúan. No quiere decir que estas personas siempre logren sus objetivos, porque el resultado final no siempre depende de ellos mismos, lo cual puede resultar frustrante. Pero al menos no huyen de la ansiedad de tener que elegir, de tener que decidir, como hacen las personas ovejas; estas son carne de cañón para los tiranos (ya sean políticos, jefes o cónyuges) pues manejar a las ovejas es fácil, más aun si viven en rebaño. Son RECURSOS para aquellos que los dominan, los guían o los dirigen (según quién lo explique), tantas veces codiciosos lobos disfrazados de corderos. En cambio, el tigre está sometido a la frustración de saber que no siempre va a poder alcanzar sus objetivos; sus decisiones y acciones no siempre van a salir como él desea. Pero esta capacidad y responsabilidad de sus propias decisiones ante la vida es lo que los hace realmente HUMANOS. Y afortunadamente, el tigre tiene algo más a su alcance.

Diógenes fue un filósofo cínico, en la Grecia del s. IV a.C. Cuenta la tradición que, además de vivir dentro de un tonel, como muestra de su vida ascética alejada de toda necesidad material, se paseaba por las calles de Atenas en pleno día, con un farol encendido; cuando le preguntaban por qué hacía eso, él respondía: “busco un hombre”; buscaba un hombre que tomase su vida en peso, que se hiciese responsable de quién era y de sus acciones, hasta las últimas consecuencias.

Se puede decir que el contenido del video es un punto de vista teórico. Después comentaré un caso práctico sobre lo que es vivir como un tigre.

He dicho un caso práctico, pero en realidad son dos. El primero, Víktor Frankl, que fue un psiquiatra austriaco que pasó por la terrible experiencia de los campos de concentración nazis. Entre otros, escribió un libro, “El hombre en busca de sentido”, que debería ser de obligada lectura en las escuelas, creo yo, al menos en las escuelas de negocios. Allí explica cómo el tiempo vivido entre el atroz sufrimiento de los campos le permitió adentrarse en el verdadero sentido del ser humano. Dice en uno de los párrafos de esa obra:

Los supervivientes de los campos de concentración aun recordamos a algunos hombres que visitaban los barracones consolando a los demás y ofreciendo su único mendrugo de pan. Quizá no fuesen muchos, pero esos pocos representaban una muestra irrefutable de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino…

Y es precisamente esta libertad interior la que nadie nos puede arrebatar, la que confiere a la existencia una intención y un sentido.”

Estas frases, que tanto tienen que ver con lo que comentaba el profesor Kofman, cobran un sentido revelador y luminoso al salir de la pluma de una persona que se enfrentó repetidas veces al exterminio en Auschwitz. No se puede añadir nada más, creo yo.

El otro ejemplo práctico es el de un joven australiano, Nick Vujicic (quizás el nombre no diga mucho) que ha decidido vivir no dejándose amedrentar por las circunstancias, sino aceptando los acontecimientos vitales tal como son, sin victimismo, y eligiendo qué tipo de persona quiere ser. No ha sido un camino fácil; él mismo explica que siendo niño intentó suicidarse, pero, como decía Kofman, para el que decide dejar de ser oveja, siempre hay algo más a lo que aferrarse. Nick, aunque parezca difícil, lo está.

Anuncios

2 thoughts on “¿RECURSOS o HUMANOS? ¿OVEJAS o TIGRES?

  1. Pingback: El precio del cambio | Lab Revolución

  2. Pingback: Cumpleaños y otras construcciones sociales

Tus ideas y comentarios serán de gran ayuda; te animo a compartirlos.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s