Humildad, motor de crecimiento

Leía recientemente en el diario La Vanguardia, una entrevista a Tal Ben Shahar, especialista en comportamiento organizacional del Dpto. de Psicología de la Universidad de Harvard, y gurú de la psicología de la felicidad. Decía el profesor Ben Shahar: “se humilde y estarás orgulloso de no tener que demostrar nada a nadie”.

Aparentemente contradictorio ese binomio de humildad y orgullo, esta frase me hizo recordar a una noche de Semana Santa, hace unos pocos años, que celebrábamos la vigilia Pascual. Al comenzar la homilía, el presbítero comenzó de esta manera, dirigiéndose a cada uno de los presentes: “hermano mío, esta noche tengo para ti dos buenas… buenísimas noticias. La primera es que Dios existe, y la segunda, que no eres tú: así que ya puedes descansar.”

Y de una manera más “científica”, también en el pasado ExpoManagement, se dijo algo muy relacionado. En el taller “stop-estrés”, Javier Carril, socio de Execoach, explicaba los 10 errores de las personas estresadas; y no por casualidad el primero de ellos es, según Carril, que la persona estresada tiene una marcada tendencia a creer ser el Director General del Universo, con la ingenua idea añadida de pensar que la vida, en todo caso, le va a obedecer. Y si resulta que hoy en día una de las patologías más extendidas es la de los problemas relacionados con el estrés, y que tantas veces derivan en trastornos depresivos, debe ser que la mayoría del “personal” por nuestras latitudes vamos bastante sobrados en este sentido, de creernos no se qué.

Se podría pensar, erróneamente, que en el mundo de la empresa, del management, se requieren personas muy seguras, emprendedores muy “echados para adelante” (cosa cierta), y que eso parece lo contrario a la humildad. Y yo creo que no es así; la humildad precisamente viene de la verdad, del conocimiento profundo que uno tiene de si mismo, reconociendo las propias virtudes y defectos, o como se diría en el entorno empresarial, las fortalezas y debilidades. Creo que algo que debe caracterizar al líder es su capacidad de estar al servicio de la organización, de las personas que la componen (en amplio sentido) y de sus objetivos; y no, como tantas veces ocurre, justamente al contrario. Y para estar al servicio es imprescindible la humildad. Liderar es servir, y no se puede servir desde la soberbia. El considerado por una gran parte de la humanidad como mayor “líder” de la historia dijo: “el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir” (Mt 20, 26-28).

En este sentido, Jim Collins escribe en su libro “Good to Great” (Empresas que sobresalen) sobre su amplio estudio entre miles de compañías, analizando por qué unas pocas empresas entre muchas pueden pasar de ser grandes empresas a organizaciones sobresalientes, grandiosas, con unos resultados más allá de lo que se podría esperar. Establece Collins diferentes conclusiones, pero respecto a lo que aquí trato, habla sobre los “líderes de nivel5”; en esta escala que el establece del uno al cinco, en la que el primer nivel es para aquellas personas muy competentes a nivel individual, ascendiendo hacia personas con capacidad para trabajar en equipo y obtener con este los mejores resultados, hasta llegar a ese nivel máximo, el de los líderes de nivel 5. Curiosamente no se trata de las empresas más conocidas o grandes, necesariamente, sino de organizaciones que han conseguido unos resultados extraordinarios de manera sostenida en el tiempo. Y, dice Collins, una de las características comunes de esas pocas compañías es la de tener líderes que han conseguido construir grandeza mediante una combinación aparentemente extraña (quizás por su general escasez) entre la humildad personal y la voluntad profesional. O sea que, si este estudio está en lo cierto, las empresas que no tengan este tipo de líderes nunca podrán llegar a ser realmente sobresalientes. En el fondo, este estudio lo “único” que hace es constatar empíricamente las características de esos líderes extraordinarios; según este autor, Abraham Lincoln fue el paradigma de este tipo de liderazgo de nivel 5, puesto que sufrió numerosísimas derrotas personales y políticas durante su vida, de las que con humildad se fue levantando una tras otra, hasta llegar a convertirse en uno de los más grandes políticos de la historia moderna.

¿Pero por qué resulta crucial la humildad en las organizaciones empresariales? Una de las cuestiones fundamentales que se supone al directivo es la de la mirada estratégica, la “visión”; y el problema del orgullo, de la soberbia, es que uno no ve más que lo bien que hace las cosas, lo listo que es, y lo mucho que sabe. Si el horizonte está lleno de tu propia imagen, difícilmente se podrá otear el camino que es necesario seguir, o las amenazas y cambios que se ciernen sobre nuestras organizaciones.

Sin humildad todo son fortalezas, no se aprecian las debilidades, por lo que se imposibilita acceder a la senda de la mejora, siempre necesaria, imprescindible para crecer y desarrollarse, a nivel personal y organizacional.  Y lo cierto es que todo lo que no implica avanzar significa que se está retrocediendo, uno nunca se queda como está, al menos por comparación al resto, que siguen hacia adelante.

Para que funcione una de las herramientas importantes en el desarrollo de las personas, la evaluación de 360º, es indispensable la humildad. Recibir halagos desde cualquier nivel es bastante fácil; aceptar (aunque interiormente moleste) críticas desde posiciones superiores, es lo habitual. Dejarse corregir por los que están a tu nivel, muchas veces dependerá de la confianza que tengamos en la persona concreta que trata de presentarnos lo que debemos mejorar (más fácil con los colegas, más complicado con los que nos caen ”gordos”). Pero para aceptar las propuestas de mejora que nos puedan hacer nuestros subordinados, ciertamente hace falta una buena dosis de humildad. En cuántas empresas no se termina de implantar esta práctica de los 360º bajo la premisa de que “la organización aun no está preparada para asumirlo”; ¿no está preparada la organización (que a lo mejor está deseándolo) o no están preparados los orgullos personales de quienes tienen que asumir las críticas desde abajo?. Y creo que es una pena, porque la ayuda más valiosa siempre va a venir desde abajo, desde aquellos que, planteándola, tienen más que perder que si se quedasen callados: probablemente lo que te dicen es cierto, cosa que de un jefe no siempre se está seguro.

Jim Collins, al hablar de los líderes de nivel 5, comentaba que ese tipo de liderazgo se puede entrenar, pero no así para cierto tipo de personas en las que, por encima de todo, prima el beneficio personal antes que el colectivo de la organización. En ese perfil difícilmente se podrá encontrar el espíritu de servicio y la humildad necesarios, si no es con fines puramente mercantilistas, para obtener algún beneficio personal.

¿Quiere esto decir que la humildad no se puede alcanzar si no se tiene? Pues, gracias a Dios, no es así. Porque tantas veces la vida, contra nuestra propia voluntad, nos pone ante nuestra realidad, y nos hace bajar los humos. Aunque no es eso del todo entrar en humildad. Para alcanzarla es imprescindible poner en práctica el conocido aforismo griego, que fue inscrito en la entrada del templo de Apolo, en Delfos: “gnóthi seautón”, conócete a ti mismo.  Para ello es necesaria la voluntad de querer adentrarse en la profunda realidad personal; introspección de la que, intuyendo lo que podemos encontrar, tantas veces  huimos. Y es que no resulta fácil, pero si verdaderamente se sigue ese camino, el éxito está asegurado, porque lo que se encuentra, si somos sinceros con nosotros mismos, sólo debería llevarnos a la humildad. Todo lo bueno que tenemos en nuestro ser interior en realidad nos ha sido dado: ¿acaso alguien compró antes de nacer la inteligencia, o la energía vital que le permite tener una gran capacidad para trabajar y esforzarse? ¿por qué has nacido, tú que estás leyendo, en un entorno occidental privilegiado que te ha permitido estudiar y crecer intelectualmente y no lo hiciste en medio de la hambruna africana? ¿realmente que tenemos de bueno que nos hayamos ganado con nuestro merecimiento, o que no venga de fortalezas innatas de las que no somos más que meros administradores? En cambio, lo que no nos gusta de nosotros mismos, eso casi siempre se debe a la puesta en práctica de nuestros propios egoísmos, rencores, codicias o miedos, de los que sí somos absolutos propietarios. Eso, si queremos ser sinceros con nosotros mismos. Porque el primer paso de la humildad es aceptarse a uno mismo tal como es, sin escandalizarse.

Pero no todo el mundo está dispuesto a ello, y además hay situaciones en la vida que no lo favorecen, como el éxito o el poder. Por eso considero que en el mundo de la empresa es tan necesaria que se de realmente la evaluación de 360º, pero no necesariamente formal (que también) sino sobre todo la informal: los jefes, los directivos, necesitan personas a su lado que les digan la verdad constantemente, aunque no les guste. Pero me temo que esta realidad es bastante escasa en el seno de las organizaciones. En una entrevista reciente a una reconocida directiva de Barcelona, le preguntaban si ella creía que la gente le decía la verdad o más bien lo que ellos pensaban que quería oir; la respuesta fue tajante: “ni a mi, ni a nadie” (nos dicen la verdad, se entiende); pues qué pena, cuantas oportunidades de mejora perdidas.

En el imperio romano, el general que, tras su último éxito militar, entraba triunfante con sus legiones en la ciudad eterna, llevaba junto a él en el carro un esclavo que, por un lado sujetaba la corona de laurel (símbolo del éxito) y por otro lado le iba susurrando al oído constantemente: “recuerda que no eres más que un hombre”, lo cual le impelía a “no dormirse en los laureles”, en su propia vanidad y orgulloso éxito. Así, el directivo inteligente, focalizado en crecer y hacer crecer a su empresa, debería rodearse de colaboradores que le centren y le bajen al suelo, para no morir aplastado por el peso de su corona de laurel.

Lo cierto es que, en la vida de las empresas se pasa por épocas de todo tipo, y hay momentos (como el actual) en que realmente hay que rozar el “milagro” para poder salir adelante y llevar al éxito a nuestras organizaciones. En esas situaciones críticas, hay valores que nos permiten discernir si toda ayuda que se nos presenta es realmente lo que aparenta. La humildad es uno de esos valores, sino el principal.

Para ilustrar esto último que comento, os dejo un video con un extracto que he preparado de una antigua miniserie de la RAI (“Sed buenos, si podéis”), sobre la vida de San Felipe Neri. Refleja lo que considero que es la humildad y lo que esta da. Pido disculpas por la calidad de la imagen, pues viene de una antigua copia de VHS muy usada, pero creo que merece la pena.

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5 thoughts on “Humildad, motor de crecimiento

  1. Se confunde decir la verdad, con ser reactivo, anti empresa y no se cuentas cosas mas Cuesta mucho prepararse para las criticas y por lo que he vivido en todos mis anos profesionales,cuanto mas alto estas, menos criticas te gustan escuchar. Al final reconocer un error…te deja tranquilo, descansas y no pasa nada. No dejaste de ser el gran profesional que debes ser, pero nunca olvides que eres HUMANO, pero olvides que tu critica debe ser HUMANA

  2. Reconocer errores, te hace mas grande y lo bueno es que descansas, no hay nadie que sea perfecto, aunque nos gustaria serlo. Solo una cosa reconocer errores debe formar parte de un comportamiento HUMANO, pero las criticas nunca deben perder el valor de HUMANAS, el resto es destruir.

    • Montse:
      efectivamente, nadie es perfecto, aunque creo que hay quien se lo cree. Pero en lo que discrepo es en lo de que nos gustaría serlo: al menos a unos cuantos no nos gustaría, pues iría en contra de nuestra propia naturaleza humana, imperfecta. ¿Dónde quedaría la posibilidad de aprendizaje a través del error? ¿dónde la posibilidad de pedir perdón por los daños que causamos a otros? ¿dónde la opción de equivocarnos, caer y volver a levantarnos?.
      Déjate, déjate: ser perfecto tiene que ser cansadísimo. Además, si te fijas, normalmente el que más se acerca a la “perfección” suele ser una persona exigente que obliga a todos a ponerse a su nivel; lo más probable es que termine como el agujero de la flauta de Bartolo.
      un abrazo.

  3. Muito interessante esse tema e sua relação com o mundo “Empresarial”.

    Acredito que o “Líder” deve ter uma personalidade “Humilde” no sentido de assumir seus deveres, obrigações, erros e culpas sem resistência, dessa forma ouve, reflete, entende as críticas e muda o que for necessário para o bem de todos (Colaboradores e Clientes) ajudando a construir uma sociedade mais justa e também mais lucrativa, a medida que a “Transparência e os Valores” assumem cada vez mais importância para o Marketing e o Sucesso das Organizações.

    Como disse Pestalozzi: O poder só pode exigir de mim que eu seja um homem moral na medida em que
    ele mesmo o seja, isto é, se ele não for poder, não se comportar como poder. Só pode exigir de mim, se ele viver a força de sua divindade, não para ser servido, mas para servir e dar a vida para a redenção de muitos (…).

    Ou como disse Goethe: De todo o poder que mantêm o mundo agrilhoado, o homem se liberta quando o autocontrole há conquistado.

    Que todos possamos um dia “nos tornarmos líderes de nós mesmos” …

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